La economía del cuidado: el trabajo invisible que sostiene la vida y la sociedad
- Angela Jimenez
- 26 may
- 4 min de lectura

Imagínate despertar mañana y que nada de lo que normalmente ocurre en casa estuviera listo. Te levantas y no hay café preparado.El desayuno no está servido en la mesa. Vas a la nevera buscando algo para cocinar rápidamente antes de salir, pero está vacía y no hay comida lista para preparar. Decides ir a bañarte, pero no hay shampoo, jabón ni crema dental porque nadie estuvo pendiente de comprarlos.
Sales del baño y no tienes una camisa limpia ni el pantalón planchado para ir a trabajar. La ropa sucia lleva varios días acumulada. Mientras intentas resolver todo rápidamente, recuerdas que tampoco tienes almuerzo preparado para llevar ese día.
Justo cuando tomas las llaves para salir, escuchas a un bebé llorando.Necesita que lo carguen, le cambien el pañal y le preparen el tetero porque tiene hambre. Mientras intentas atenderlo, aparece un niño de seis años corriendo porque no encuentra el uniforme del colegio, necesita desayuno y alguien debe ayudarle a organizar su día.
Y todo esto ocurre antes de las ocho de la mañana.
La mayoría de estas tareas suelen pasar desapercibidas porque estamos acostumbrados a que “simplemente ocurran”. Sin embargo, detrás de cada comida preparada, cada niño cuidado, cada ropa lavada, cada adulto mayor acompañado y cada hogar funcionando, existe una enorme cantidad de trabajo cotidiano que sostiene la vida.
A eso se le conoce como economía del cuidado.
¿Qué es la economía del cuidado?
La economía del cuidado incluye todas las actividades necesarias para garantizar el bienestar, el sostenimiento y la reproducción de la vida cotidiana.
Esto incluye tareas como:
cocinar,
limpiar,
lavar ropa,
cuidar niños y niñas,
acompañar personas enfermas,
cuidar adultos mayores,
organizar el hogar,
hacer compras,
gestionar citas médicas,
acompañar tareas escolares,
y brindar apoyo emocional.
Muchas de estas actividades no son remuneradas económicamente, aunque son fundamentales para que la sociedad funcione. Sin estas labores:
las personas no podrían trabajar,
estudiar,
descansar,
ni sostener su vida diaria.
Un trabajo históricamente invisibilizado
Durante muchos años, las tareas de cuidado fueron consideradas “naturales” en las mujeres y no como trabajo. La sociedad construyó la idea de que las mujeres “debían” cuidar, atender el hogar, criar, cocinar, y encargarse emocionalmente de la familia.
Mientras tanto, el trabajo remunerado y productivo fue históricamente asociado a los hombres. Esto generó una enorme desigualdad: millones de mujeres sostienen diariamente hogares y familias, pero gran parte de ese trabajo sigue si reconocimiento económico, social o institucional.
Las mujeres siguen realizando la mayor parte del trabajo de cuidado
En Colombia y en gran parte del mundo, las mujeres continúan dedicando muchas más horas al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que los hombres.
Según cifras del DANE:
las mujeres dedican en promedio casi el doble de tiempo al trabajo de cuidado no remunerado.
Esto impacta directamente:
sus oportunidades laborales,
su independencia económica,
su descanso,
su salud mental,
y su tiempo personal.
Muchas mujeres enfrentan una “doble jornada”: trabajan fuera de casa, y al regresar continúan realizando la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado.
La economía del cuidado también sostiene el PIB
Durante muchos años, las tareas de cuidado fueron consideradas “naturales” en las mujeres y no como trabajo. Sin embargo, hoy las cifras muestran que este trabajo tiene un enorme impacto económico y social.
Según la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado del DANE:
el Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado representa aproximadamente el 21,7 % del Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia,
equivalente a cerca de 185,7 billones de pesos.
Esto significa que, si el trabajo de cuidado fuera remunerado como cualquier otra actividad económica, sería uno de los sectores que más aporta a la economía nacional, incluso por encima de múltiples industrias tradicionales.
Las mujeres sostienen la mayor parte del cuidado
Las cifras también muestran que las mujeres continúan realizando la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
Según el DANE:
durante 2022 y 2023 se dedicaron 96.148 millones de horas anuales al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado,
de las cuales las mujeres aportaron el 57,1 % del total de horas,
mientras los hombres participaron con el 42,9 %.
Además:
las mujeres dedican en promedio alrededor de 35 horas semanales al trabajo de cuidado no remunerado,
mientras que los hombres destinan cerca de 9,7 horas semanales.
Estas cifras evidencian una enorme desigualdad en la distribución de las tareas de cuidado.
Los hombres también deben participar en el cuidado
Durante muchos años se enseñó que cocinar, limpiar, cuidar niños, expresar emociones, o acompañar procesos familiares eran tareas “femeninas”. Sin embargo, el cuidado es una responsabilidad humana y social. Hoy cada vez más hombres participan activamente en la crianza, las tareas domésticas, el acompañamiento emocional, y el autocuidado.
También se reconoce que los hombres deben asistir al médico, cuidar su salud mental, expresar emociones, y participar activamente en el bienestar familiar.
Construir relaciones más equitativas también implica redistribuir las tareas de cuidado.
La sobrecarga de cuidado también afecta la salud de las mujeres
La carga excesiva de cuidado puede generar:
agotamiento físico,
ansiedad,
estrés,
problemas de salud mental,
falta de descanso,
sobrecarga emocional,
y dificultades para desarrollarse profesionalmente.
Muchas mujeres sienten que:
nunca terminan,
no tienen tiempo para sí mismas,
o deben priorizar constantemente las necesidades de otras personas antes que las propias.
Por eso, hablar de economía del cuidado también es hablar de bienestar, salud mental y derechos.
Cuidar también merece reconocimiento
La economía del cuidado sostiene:
hogares,
familias,
empresas,
comunidades,
y economías enteras.
Reconocer su valor implica:
dejar de invisibilizar estas labores,
promover corresponsabilidad,
generar políticas públicas de cuidado,
y construir una sociedad donde cuidar no sea una carga desigual para las mujeres.
Porque detrás de cada comida preparada,cada niño cuidado,cada adulto mayor acompañado,y cada hogar funcionando, hay tiempo, trabajo, energía, y vida sostenida diariamente por millones de mujeres.
Referencias bibliográficas
DANE – Cuenta Satélite de Economía del Cuidado.
CEPAL – Economía del cuidado y autonomía de las mujeres.
ONU Mujeres.
OIT – Organización Internacional del Trabajo.
Encuesta Nacional de Uso del Tiempo – Colombia.
Ministerio de Salud – Economía del cuidado





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